viernes, 12 de octubre de 2012


El fuel del ‘Prestige’ daña el ADN de ratas

El juicio por la catástrofe medioambiental se celebra el 19 de octubre


Una voluntaria recoge chapapote en Lira (A Coruña) en 2002. / ANXO IGLESIAS
Las emanaciones de hidrocarburos con la misma composición que el delPrestige, el barco petrolero que se hundió frente a las costas gallegas hace casi 10 años, causa daño en el ADN de ratas. La conclusión del trabajo realizado por investigadores de la universidad de A Coruña y que publica Journal of Toxicology and Environmental Health no pueden llegar en mejor momento: el próximo 16 de octubre se inicia el juicio por la catástrofe medioambiental.

No es el primer trabajo que mide el daño de los productos petrolíferos en la salud, desde luego. Pero esta vez se han usado dos cepas de ratas y se ha cuidado que la composición de los gases fuera muy similar a la que emitían los restos del chapapote.

En declaraciones a la web de noticias científicas SINC, Vanessa Valdiglesias, investigadora en la Unidad de Toxicología de la Universidad de A Coruña, indica que este estudio, a diferencia de los anteriores, se centra en la exposición ambiental (no tan directa como la laboral, que pude producirse en gasolineras o pozos de extracción). En este caso en concreto, es un trabajo más sobre los posibles efectos en los miles de voluntarios que acudieron a limpiar las playas y costas gallegas después de la catástrofe.

Las medidas se centraron en un tipo de daño del ADN: el oxidativo. Este es el material genético que contiene la instrucción para todos los procesos biológicos. Por eso, que se deteriore tiene repercusiones de muchos tipos. A corto plazo, que es lo que se ha medido, no se detectaron en los animales tanto enfermedades similares a las que puedan tener los humanos, sino que se vio su efecto a nivel celular.


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De una manera general, este efecto puede revertirse si la exposición al agente oxidante desaparece y los daños causados no son muchos. Pero, si no es así —los autores no indican el nivel de afectación ni, mucho menos, que esto pueda extrapolarse a los voluntarios que acudieron a limpiar el chapapote—, puede producir una muerte celular (empezando por el debilitamiento de la membrana), lo que, llevado a gran escala, puede acabar en procesos de necrosis. Y, por tanto, la gravedad dependerá de dónde se dé este caso. El organismo está preparado para superar la muerte de células (es parte de su proceso de envejecimiento normal), pero una necrosis puede ser más extrema.

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