El humo de los grandes incendios es tóxico y puede ser cancerígeno
Madrid, 24 jul (EFE).- El humo de los grandes incendios forestales, que pueden alcanzar los mil grados de temperatura, transporta elementos químicos como el benzopireno, de probado efecto cancerígeno, según alerta el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
La experta en lluvia ácida Anna Ávila, bióloga del CREAF, ha explicado a EFEverde que los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (PAHs), como el benzopireno, son los residuos más tóxicos de un incendio y se desplazan libremente a merced del viento.
Según la experta, al quemarse la biomasa, la degradación térmica de materia orgánica en ausencia de oxígeno (pirólisis) libera también a la atmósfera monóxido de carbono (CO), ozono (O3), óxidos de nitrógeno y otros componentes orgánicos, todos perjudiciales para las vías respiratorias.
A la nube de humo se incorporan, además, partículas de nutrientes de las plantas como calcio, magnesio, potasio, nitrógeno y fósforo que, en entornos urbanos, ha precisado, inciden negativamente en la calidad del aire, ya que su inhalación es irritante.
Son, por otro lado, pérdidas minerales del suelo quemado que difícilmente se recuperan y resultan indispensables para el nuevo desarrollo vegetal, ha agregado.
Ávila ha subrayado que los PAHs son producto de la degradación de todas las especies vegetales y que su pronóstico se cumple tanto en la nube que ha generado el incendio aún activo en la comarca del Alt Empordà como los otros que se consideran de grandes dimensiones por las altas temperaturas que alcanzan y la zona arrasada.
El recorrido de la nube, ha indicado, depende de las condiciones climatológicas y sobre todo del comportamiento del viento, que en el caso del Empordà sopló de norte a sur.
Tras desatarse el incendio, ha indicado, la visibilidad en Barcelona ya se veía afectada.
La nube de partículas y cenizas se puede diluir o se concentra y se queda más tiempo en la atmósfera si tarda en llover, ha añadido la bióloga tras subrayar que los químicos se depositan tarde o temprano en la superficie de forma espontánea o los precipita el agua.
La concentración de partículas dependerá del volumen de biomasa quemada, ha dicho Ávila, quien ha explicado que el registro pormenorizado se consigue analizando en laboratorio muestras de aire tomadas inmediatamente después del incendio y a distintas distancias de los focos del fuego.
Albert Álvarez, ingeniero de Montes y doctor en Diversidad y Función de Ecosistemas Mediterráneos, ha agregado, por su parte, que los Grandes Incendios Forestales (GIF), son aquellos que, casi por definición, se escapan a la capacidad de control humana.
Se propagan horizontalmente, desde las copas, a las que llegan las llamas por la combustión continuada de arbolado joven o sotobosque.
Las llamas suelen alcanzar los tres metros de longitud y se propagan a más de dos kilómetros por hora, con peligrosos ángulos de inclinación que dependen del viento.
Álvarez, también miembro de CREAF, ha dedicado los últimos siete años al estudio del origen de los GIF, asociados a los fuegos de copa, los que identifican los bomberos como los más peligrosos e incontrolables.
La peor combinación para el "fuego perfecto" que desencadena un GIF es la que aporta continuidad vertical (que permite que el fuego suba hasta los 40 metros), densidad de bosque (que propaga las llamas desde las copas) y viento.
Las temperaturas, ha asegurado Álvarez, pueden llegar a los mil grados, un calor que puede derretir hasta placas metálicas y el equipo de cualquier bombero.
Según el ingeniero de Montes, los tres tipos conocidos de incendios, por viento, convectivo o topográficos, pueden provocar fuegos activos de copa.
Sus trabajos, publicados en medios especializados internacionales como "European Journal of Forest Research" y "Forest Ecology and Management", ofrecen recomendaciones de gestión de bosques para, conociendo el comportamiento del fuego, poder programar su control antes de que ocurra. EFE
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